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R.C.D. MALLORCA. LA PRESENTACIÓN El infierno fue para Grande La afición dedica una monumental pitada al presidente del Mallorca en la espectacular presentación de la plantilla SEBASTIÀ ADROVER. PALMA. Ni siquiera la brillante, espectacular e imaginativa presentación del Real Mallorca tapó la monumental pitada que recibió Vicenç Grande durante su discurso. Ya cuando el ´speaker´ pronunció su nombre se oyeron unos silbidos con una intensidad que no recuerdan ni los más viejos del lugar. Ni el fuertísimo volumen que sonaba en el estadio tenía la potencia suficiente para silenciar el enfado de la afición. O al menos de una gran parte de ella. El todavía máximo accionista tuvo que esperar unos segundos después de dar el ´bon vespre´. Su cara reflejaba una enorme sorpresa y zozobra. Sabía que podía haber hinchas que estuvieran en desacuerdo, pero no tantos. Y menos hasta ese punto. "Estoy muy tranquilo", espetó con una fuerza que se difuminaba entre los silbidos. La venta de los Güiza, Fernando Navarro y compañía no ha gustado a la afición. Ni la futura venta de sus acciones al empresario inglés Paul Davidson. "Hemos de tener paciencia, los nervios de hoy serán alegría en septiembre", proclamó. La situación fue el paradigma de la incomodidad para Grande. "Haremos un buen equipo", concluyó el discurso, como si la plantilla que tuviera detrás no lo fuera. Fueron unos segundos que empañaron la tradicional fiesta del mallorquinismo. Eso sí, el dirigente no fue el único que se llevó las protestas del público. Salvando mucho las distancias, Moyà, todo un icono del club y un ídolo para la afición, también sufrió unos leves silbidos disimulados entre muchísimos aplausos. Algunos criticaban de esta manera la sinceridad del meta a la hora de decir públicamente que quería fichar por el Valencia. Y eso que las cinco mil personas se habían mostrado entusiasmadas durante el desarrollo del acto. No era para menos. La colla de gegants de Santa María del Camí lo habían iniciado con una vuelta a la pista de atletismo, preludio de unas acciones que dejaron con la boca abierta a casi todos. Los blauets de Lluc y la colla de xeremiers de Mallorca interpretaron La Balanguera. A partir de ahí, el fuego y la pasión por unos colores cobraron el absoluto protagonismo hasta la salida del presidente y la plantilla. El presentador de la velada no mintió cuando avisó que el Ono Estadi sería un infierno. Lo que no sabía aún es que también lo sería para Grande. Al ritmo de los tambores, Son Moix fue encendiéndose con una mecha que recorrió la silueta del feudo. Sencillamente precioso. Al mismo instante, ciento cincuenta demonios fueron bajando desde la tribuna cubierta y tribuna de sol hasta el césped con bengalas en la mano. Un correfoc en toda regla. Ahí fue cuando unas ollas con fuego emularon un pasillo para la salida de todos los componentes del equipo. Borja, sabiendo que su pase al West Bromwich era un hecho, ni miró a la grada. Como si no se atreviera a hacerlo. Había demasiados asuntos pendientes para que todos se centraran en el evento. Incluso Manzano, que recibió una fuerte ovación, pasó algo desapercibido cuando se dirigió a los seguidores en un perfecto mallorquín. "Habrá buen fútbol y esfuerzo en cada partido", prometió. Ahora toca cumplirlo. Como el año pasado. Texto tomado del Periódico: "Diario de Mallorca".
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