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Los partidos cobran a sus cargos públicos hasta un tercio del salario
CARLES CANALS. PALMA. El dinero que los cargos públicos entregan a sus partidos convierte a estos colocadores en verdaderas empresas de trabajo temporal. Al quedarse con una parte más o menos suculenta del salario -el 2% del sueldo neto es la menor aportación exigida en las fuerzas baleares con representación parlamentaria; el 30, la máxima conocida-, los comisionistas logran una financiación extraordinaria que justifica el número siempre creciente en las instituciones y empresas públicas de cargos "eventuales", como los denomina la eufemística institucional.
El Govern no ha facilitado a este diario el número centenario de sueldos adjudicados a cargos de confianza, desde jefes de prensa a asesores y directores generales. El Consell de Mallorca ha reconocido pagar 41 salarios de esta naturaleza, pero no ha incluido sus empresas públicas en el recuento. Ningún gobierno admite haber incrementado el número de altos cargos, legislatura tras legislatura.
El PP, la fuerza que durante más años ha gobernado Balears y que, en consecuencia, más ha logrado extenderse en el tejido de la Administración y las empresas públicas, no es la que mayor contribución exige a sus beneficiarios. Un dos por ciento calculado sobre el salario bruto es la única cantidad exigida, además de la cuota mensual de 6 euros a los afiliados.
Aportación voluntaria
Con menor cantidad de militantes que aporten una cantidad fija al partido, los socialistas son notablemente más codiciosos a la hora de exigir réditos a sus políticos colocados, si bien se apresuran a decir que la aportación es estrictamente "voluntaria" y flexible.
Entre un 2,5 por ciento del salario bruto y un 30 -aunque se admiten proporciones superiores- se lleva el partido, según la relevancia del cargo: cuanto mayor es la significación económica, mayor es también el "mordisco", aunque los cargos con dedicación exclusiva -presidentes, portavoces, consellers, directores- ven reducida su aportación, a la que se suman cinco euros mensuales.
Mucho más agresiva es la postura de Esquerra Unida. Como la mayoría de partidos sin fuertes bases sociales, sobrevive exigiendo cantidades mayores a sus altos cargos. Se calcula el beneficio resultante de la diferencia entre el salario del cargo y el de su anterior ocupación; la mitad de esta plusvalía es del partido. También elevada es la cuota de su tradicional aliado, Els Verds, que entregan de un 10 a un 15 por ciento de sus salarios.
Los nacionalistas del PSM cuentan con un millar de afiliados, claramente insuficientes para mantener la estructura del partido con los menos de 10 euros que entregan como cuota mensual. Así pues, nuevamente es elevado el porcentaje que se fagocita de los sueldos obtenidos mediante la acción política. El PSM absorbe el 10 por ciento de los salarios brutos, una vez se han deducido algunos misteriosos conceptos que nadie de la formación supo explicar a este diario.
UM es la excepción a la norma de "a menor número de afiliados, mayor el porcentaje". Aunque se establece que más paga quien más cobra -y se fijan incluso tramos de 500 euros para hacer estos cálculos- la media del partido es algo superior a un 5 por ciento para los sueldos de dedicación exclusiva, según señaló un portavoz. La cuota mensual es también reducida: seis euros mensuales.
Estas comisiones tratan de resolver en parte el longevo problema de la financiación. Cada período electoral, las formaciones reciben una subvención pública para llevar a cabo su campaña; posteriormente reciben otras cantidades para su funcionamiento ordinario y el de sus grupos municipales y parlamentarios. Estas cantidades generan un comentario unánime en el entorno político: no bastan. Y -añaden- no bastan para nada.
Claro está que para superar esta situación cuentan con las aportaciones de sus afiliados. Pero el partido más populoso con diferencia de Balears, el PP, cuenta con 16.000 afiliados que ingresan -si pagan- seis euros mensuales cada uno; el algo más del millón de euros anual resultante puede parecer un bocado sabroso, pero es de nuevo una cantidad insuficiente para un partido que precisa transmitir imagen de gran solidez y prosperidad, con una sede firmada por García Ruiz en una céntrica calle de Palma.
Las aportaciones más o menos voluntarias de las entidades privadas cada vez resultan mejor fiscalizadas, aunque se sospecha que pueda ser frecuente el pago en especies o las cadenas de favores: por ejemplo, el político otorga una concesión a una empresa que a su vez compra materiales a otra entidad que trabaja para el gobierno. También en este caso seguir el rastro es difícil, pero no imposible.
Resulta así mucho más sencillo incrementar las cuotas a los "trabajadores" que los partidos colocan en instituciones y empresas. Sedes suntuosas en el centro de la ciudad, alquileres de estadios deportivos para mítines y de grandes recintos para congresos sólo así pueden mantenerse.
Como cierre, una cifra ilustrará las magnitudes económicas que manejan nuestras fuerzas políticas: uno de los partidos mentados ha reingresado en su contabilidad 21.000 euros sólo por el funcionamiento deficiente del aire acondicionado durante uno de sus más recientes encuentros de afiliados.
Fuente: www.diariodemallorca.es
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